Vivía aislada
en una casucha
una viejtita
rara y delgaducha,
delgaducha y rara:
huesuda de cuerpo
huesuda de cara.
Tenía un bastón
pero no lo usaba,
por lo que, al andar,
más de un traspié daba.
Si hacía calor,
chal grueso llevaba;
más en tiempo frío
nunca se abrigaba.
Portaba paraguas
si el sol alumbraba;
pero si llovía,
toda se mojaba.
Y esa viejecita
se llamaba Alcira
y existió hace tiempo...
¡Sólo de mentira!
Ilustración de Robert Cruikshank |
De Luces y colores, 2004
Corina Bruni, poeta salvadoreña
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